He aquí mi primer relato (de prueba) para iniciar la actividad del blog. Se titula "¿Qué está pasando aquí?", y (ya lo adelanto, porque si no a la gente no le gusta si no lo entiende) habla de una abducción extraterrestre.
Críticas:
"Es una paranoia"
"No me he enterado de nada"
Llegué cansado a casa. En el periódico un virus había infectado los ordenadores, y el informático tenía día libre. Ese tío es increíble, aunque sea requerido por un tema de vida o muerte, respeta sus días libres a rajatabla. Total, como yo sé algo de ordenadores, ¡pam! para mí el curro de quitar el gusano. Malditos hackers... ¿Para qué querrán hacer esas cosas?
Eran ya casi las dos de la madrugada. Entré en la habitación. Susana ya estaba dormida. Me quedé unos minutos observándola desde la puerta. Su melena dorada, que brillaba con la luz que llegaba del pasillo; sus manos delgadas, sobre mi almohada, donde a esas horas ya debería estar yo con ella, descansando. En fin.
Me dirigí al estudio, para dejar la gabardina y el maletín con los reportajes del fin de semana. Casi había salido ya de él, cuando reparé en una nota sobre la mesa:
"No me encuentro muy bien, así que me iré a la cama. Si vuelves a una hora prudente, acuérdate de poner el lavavajillas. Te quiero. SUSANA."
No era una hora prudente, pero iba a cenar y, ya de paso, lo haría.
Saqué un pedazo de tortilla y lo calenté. Cuando acabé de cenar, ordené toda la vajilla y la metí en el electrodoméstico, que empezó a hacer su ruido monótono de agua. Ya eran las tres.
Fui al dormitorio. Estaba tan cansado que ni me molesté en quitarme nada más que no fueran la corbata, la camisa y los zapatos. Me tumbé sobre las sábanas y le di un beso en la frente a Susana. Me quedé dormido en cuestión de minutos.
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Abrí los ojos sobresaltado. Algo pasaba. Oía un zumbido incesante en mis oídos, muy agudo, que me taladraba la cabeza. Era insoportable. Me levanté de un salto, pero resbalé y caí al suelo. Me di cuenta de lo que lo que me había hecho resbalar era el propio sudor de mis pies, que yo notaba salir a litros por el terror. Otra cosa de la que me di cuenta era que el suelo vibraba. Era la propia vibración del suelo lo que producía ese sonido.
Temblaba como un flan, así que tuve que apoyarme en algunos muebles en la oscuridad. Entré al baño, donde encendí una lamparita que había a mi derecha. Me miré en el espejo, y no pude evitar gritar a pleno pulmón cuando ví que mi ojo izquierdo se movía a toda velocidad en todas direcciones. Miré a la habitación, a ver si Susana había despertado. Pero la cama estaba vacía.
"¿Qué está pasando aquí, Dios mío?", pensé. De repente, vi por el rabillo del ojo un movimiento, así que giré rápidamente la cabeza. Pude ver claramente cómo una extremidad... como de animal abandonaba mi campo visual, huyendo detrás del marco de la puerta.
Salvo por la tenue luz de la lamparita del baño, la oscuridad era casi total fuera de él. Traté de olvidar el zumbido atronador, el suelo vibrante, mi ojo que giraba, y la inexplicable ausencia de Susana. Estaba claro que alguien estaba en el piso, así que salí a la persecución de esa "pata" que había visto. Fue entonces cuando me percaté de que una luz muy clara provenía del estudio.
Avancé por el pasillo hacia el estudio, oyendo solamente mi respiración... y ese zumbido horrible que no me permitía pensar con claridad. Llegué a la puerta del estudio y me asomé, a ver qué pasaba...
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Y desperté aquí, en pleno desierto de África, entre una tribu nómada que dicen haber vivido siempre conmigo. Viajo con ellos, río con ellos, como con ellos...
No recuerdo qué pasó en el estudio de mi piso. Sólo sé que no recuerdo nada, y que por algún motivo que no alcanzo a comprender, me ha sido arrebatada mi vida, de la cual no recuerdo nada mas que una noche, un zumbido, y una luz.
Y una mujer.
Susana.
¿Dónde está?